Una película de un director de nombre impronunciable: “The tribe” (2014), Miroslav Slaboshpitsky

(¿Habéis sido capaces de leer su nombre bien a la primera? Otras opciones eran Apichatpong Weerasethakul y Zaza Urushadze).

Durísima la película que presenta  Miroslav Slaboshpitsky en su debut en el largometraje. Mete en una batidora gigantesca la cinta de Jacques Audiard “Un profeta”, la novela “El señor de las moscas”, todo lo bueno de  Ulrich Seidl y mézclalo. A continuación añade una docena de adolescentes sordomudos, y obtendrás, aparte de varias denuncias, algo que se parecerá mínimamente a “The tribe”.

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La película comienza con la llegada de un joven a un internado especial para personas sordomudas. Todos, incluido el protagonista, son sordomudos. En ese momento uno piensa “Bueno, que más da leer subtítulos desde el ucraniano que desde el lenguaje de signos”. Pues bien, ¡no hay subtítulos! Todo ápice de comunicación en la película está copado por gestos de sorpresa y rápidos movimientos de manos: el sonido más humano que escuchamos es, con suerte, algún que otro gemido o resoplido. Durante algo más de dos horas únicamente escuchamos ruido ambiente y muchos silencios, algo que por otra parte permite al espectador concentrarse profundamente en aquello que cuenta la película. Porque aunque no haya diálogos propiamente dichos, “The tribe” cuenta muchas cosas. Eso sí, no os preocupéis, porque aunque la película sea muda la trama es muy fácil de seguir.

Como decíamos, el adolescente protagonista descubrirá a su llegada al internado (al igual que el preso que llega a la cárcel en absolutamente todos los dramas carcelarios) que éste se rige por su propio sistema de valores. Un sistema corrupto hasta la médula en el que solo importan el respeto y el dinero, ambos ganados gracias a la violencia de la extorsión, los robos y el proxenetismo más salvaje. Rápidamente, el protagonista tomará parte de esta red, haciéndolo de una forma mucho más cómplice y deshonesta a la que este tipo de argumentos nos tienen acostumbrados. Por eso, cuando al final de la película éste quiera rebelarse, será ya para los ojos del espectador un ser podrido y oscuro con una única salida posible.

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No queremos que nos malinterpretéis, el protagonista de “The tribe” no es para nada un antihéroe trágico, es un ser duro, egoísta y prácticamente insensible, un matón que comete el error de encapricharse de una joven del internado.

Al no leer ni escuchar nada, lógicamente todos los personajes se nos presentan como seres anónimos, así que depende de cada uno identificar los diferentes roles de los personajes implicados en función de elementos como su aspecto externo, el lugar en el que se encuentran, sus gestos, etc.  La gracia de todo esto es que los personajes conforman en nuestras mentes una serie de ideas y estereotipos, por lo que la interpretación de la película se presenta como un ejercicio maravilloso, susceptible de variar según la visión personal de cada uno. Así, nos quedan claros los estereotipos de “el capo”, “el matón”, “el líder intermedio” o hasta de “la chica”. Sin embargo, el papel del “héroe” así como sus motivaciones pueden mutar hasta polos opuestos según la interpretación y evaluación que haga cada espectador del comportamiento del protagonista.

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De “The tribe” nos quedamos con su capacidad para sorprender al espectador y su crudeza, la cual se vale de una brutalidad difícil de digerir para adentrarse así en territorios oscuros y perversos del comportamiento humano más animal.

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