Una película con un número en su título: “Los odiosos ocho” (2015), Quentin Tarantino

A pesar de que no somos grandes “flanes” del llamado chico malo de Hollywood, cumpliendo con nuestros deberes cinéfilos hemos seguido de cerca su trayectoria y obra, llegando así a su último trabajo: “Los odiosos ocho”, precisamente vendida “con pinzas” como su octava película.

-“Caramba, en pantalladesombras escriben sobre una película que se estrenó hace casi un año”.

Pues sí. Sabemos que su estreno fue muy sonado y nosotros lo pasamos completamente por alto, pero es que la verdad es que no prestamos demasiada atención al cine de Tarantino. De hecho, andamos tan despistados que tenemos la poca decencia de catalogar su obra en tres bastos grupos:

-Gángsters maleducados: “Reservoir dogs”, “Pulp fiction”, “Jackie Brown”. “Four rooms”.

-Aquellos sórdidos 70: “Kill Bill Vol. 1”, “Kill Bill Vol. 2”, “Death proof”.

-La historia según Quentin Tarantino: “Malditos bastardos”, “Django desencadenado”, “Los odiosos ocho”.

8

En fin, entrando en materia, por si a estas alturas todavía queda alguien que no haya visto “Los odiosos ocho”, le diremos que más vale que no espere de ella acción a raudales, violencia sangrienta o misiones descabelladas porque se va a sentir ligeramente decepcionado. A diferencia del resto de películas de Tarantino, lo que conocemos como “el camino del héroe” se ve reducido a la mínima expresión. Si amáis “Reservoir Dogs” y los juegos mentales de Tarantino os encantará, si en cambio buscáis otra “Kill Bill” o una continuación de “Django desencadenado” probablemente comenzaréis a bostezar antes de superar la primera de sus 3 horas de duración.

Porque en efecto, la mayor pega de “Los odiosos ocho”, proyecto ambicioso donde los haya, es que tal vez dura un pelín de más. Llegados a este punto cabe preguntarse “Vale, pero ¿cómo es de larga la película de marras?” No hay una respuesta clara a la pregunta. Realmente la duración del metraje se mueve dentro de los parámetros habituales de las últimas películas del director, sin embargo, la trama de “Los odiosos ochos” tal vez no se preste a estirarse tanto como las de anteriores títulos. Suponemos que todo depende de cuánto te guste Quentin Tarantino: mucha gente podría aguantar días enteros contemplando a Samuel L. Jackson diciendo palabrotas si saben que éstas tienen el sello de Tarantino. En nuestro caso, la rendición llega un poco antes de las 2 horas.

8-2

Básicamente, “Los odiosos ocho” es una versión un poco salvaje y catódica de “10 negritos”, en la cual, una serie de personajes de dudosa reputación deben permanecer encerrados en una cabaña aislada en la nieve. Lo que al principio parecía un encuentro casual termina destapando una trampa producto de un metódico plan, convirtiendo así a la cabaña en una auténtica ratonera. Eso sí, hasta la apoteósica media hora final, la película transcurre de forma bastante plácida: el espectador asiste a dos horas de diálogos aparentemente superficiales, escupitajos, palabrotas, sonrisas con dientes negros y (algo es algo) muchas pero que muchas miradas sospechosas. Todo esto que a más de uno le puede sonar aburrido, no tiene porque ser necesariamente malo, simplemente, aquellos que estén acostumbrados a la acción más “tarantiniana” probablemente acaben levantándose más de una vez para ir al baño o a rellenar el bol de las palomitas.

Con un Tarantino que se muestra cuanto menos contenido en el guión y que, al igual que hacía en en sus dos anteriores títulos, juega con la historia a su antojo, catalizando así un contexto histórico profundo en un simple tagline que dispara automáticamente el conflicto entre los personajes (“La Guerra de Secesión en EEUU/diferencias raciales”), “Los odiosos ocho” no llena ni a los acólitos ni a los espectadores, como nosotros, casuales y despreocupados.

8-3

Como habréis notado, para nosotros Quentin Tarantino resulta una especia de “comodín cinéfilo”, cine de autor con mácula de blockbuster (o viceversa), algo parecido a lo que sucede con David Fincher o Christopher Nolan. Un cine cómodo de ver y que luce muy resultón, gustando “a grandes y pequeños”. Un cine que posibilita además un gran didactismo, algo muy bueno en parte: cuán maravilloso es poder hablar de los aspectos formales del guión con “tus amigos los frikis que solo ven películas de superhéroes”; pero que también conlleva aguantar al “cuñado” de turno dando la brasa en la máquina de café de tu empresa.

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