Una película australiana o neozelandesa: “Lo que hacemos en las sombras” (2014), Taika Waititi y Jemaine Clement

Recuerdo que cuando presentamos el Reto Cinéfilo hace casi un año, recibimos un par de “recomendaciones abúlicas” para cubrir esta categoría. Indicar que no las hemos olvidado, simplemente “Lo que hacemos en las sombras” acabó siendo la película perfecta para una noche de viernes gracias a su poder catalizador de gustos cinematográficos. Esto se debe a que cuando nos referimos a esta película neozelandesa podemos hacerla pasar por una “comedia fumeta”, un hilarante “falso documental”, un homenaje al género de “terror vampírico” o una original “comedia negra”. A veces uno tiene que hacer concesiones para que familia y amigos no nos acusen de ver únicamente “films (que no películas) ucranianos en versión original”.

De todas formas “Lo que hacemos en las sombras” no desmerece, y sorprende mucho que haya pasado tan discretamente por la taquilla española. A ojos del espectador medio, la película funciona como una especie de “Scary Movie” pero con un humor de una calidad muy superior, accesible, como decíamos antes, a todo tipo de públicos.

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“Lo que hacemos en las sombras” ofrece un visionado sencillo y ameno, conformado por una sucesión de “sketches” al más puro estilo “Modern Family” o “The Office”, hilados todos ellos con una trama general que no termina de estar a la altura. Precisamente, es este el punto más flojo de toda la película, por lo que si uno quiere disfrutar de las cómicas andanzas de estos “Friends” vampíricos, es necesario desconectar del hilo conductor de la película y no dar demasiada importancia a todos aquellos problemas ajenos a las personalidades de los protagonistas.

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Hablando de la comedia que ofrece la película, encontramos en ella chistes de todo tipo: humor negro, absurdo, familiar y entrañable, “slapstick”, etc. Géneros humorísticos frecuentemente sustentados por la “bis cómica” que aporta cada perfil vampírico presente en la película. Así, cada uno de los protagonistas responde a un estereotipo vampírico diferente: el vampiro joven y contemporáneo (“Crepúsculo”), el vampiro cruel de Europa del Este (Drácula), el vampiro satánico (Nosferatu), el vampiro romántico y renacentista… Por eso, cada personaje es una parodia de géneros cinematográficos y literarios, a los que se une su historia personal y la cultura propia de su perfil de vampiro. Todos los personajes de “Lo que hacemos en las sombras” son fuente de un humor accesible y efectivo, que exprime al máximo la premisa cómica general: “el día a día de vampiros que comparten piso”. Esto, en algunos momentos termina pasando factura al guión, haciendo hincapié en chistes que se muestran agotados y previsibles, que aunque no son habituales en la película, sangran a la trama principal, haciendo si cabe que pierda aún más su sentido.

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“Lo que hacemos en las sombras” está basada en un cortometraje de casi 30 minutos de duración producido hace una década del cual se recuperan prácticamente todos sus chistes. Ahora, dos años después de su estreno en cines no sabemos si se convertirá en una comedia de culto como gran parte de la crítica pronosticaba, pero sin lugar a dudas se trata de un título a tener en cuenta para fans del terror, la comedia de situación o de los especiales de Halloween de la televisión yanqui.

 

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