Un melodrama muy intenso: “The Deep Blue Sea” (2011), Terence Davies

La verdad es que pocas películas encajan tan bien en su categoría como esta. Si alguien nos preguntara por el género de “The Deep Blue Sea” no se nos ocurriría una mejor respuesta que: “sin duda es un melodrama, (aquí entrecerramos los ojos) un melodrama muy intenso”. Tenemos frente a nosotros un melodrama como dios manda, con actuaciones y personajes exagerados hasta el límite, para intentar transmitir así la idea de que el amor es extremadamente doloroso. 

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Por cierto, al hablar de melodrama nos viene a la mente “Senso” de Luchino Visconti, uno de los primeros melodramas que vimos, y también uno de los estandartes europeos del género junto con toda una colección de títulos británicos y estadounidenses de post-guerra. Porque en efecto, aunque parezca mentira, el género del melodrama extiende su historia más allá de la sobremesa dominical de Antena 3.

El melodrama es un género que no solamente se nos hace especialmente denso a nosotros, sino a prácticamente todo el grueso del espectador presente. De hecho, es muy complicado encontrar un melodrama de calidad en las últimas tres o cuatro décadas. Algunos ejemplos podrían ser “The Artist”, “Cinema Paradiso” o “Magnolia”, si bien estos tres títulos se distancian drásticamente tanto de los melodramas clásicos como del film que aquí nos ocupa: “The Deep Blue Sea”. Actualmente, apenas se producen melodramas propiamente dichos, y aquellos que se atreven se dan de bruces con el rechazo de público y crítica.

¿Pero por qué esta aversión al melodrama contemporáneo? Tal vez se deba al terrible daño que nos han hecho los tele-filmes europeos de dudosa calidad que las cadenas de televisión programan en momentos de debilidad humana como la hora de la siesta o las “pre-cenas” navideñas.  Quien sabe.

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No obstante, otra pista nos la podría dar la forma que tienen los melodramas de tratar ciertos temas cuanto menos, emotivos de más. Hablamos de un género que es soportado esencialmente por el rol de la mujer que lo protagoniza. Un personaje femenino que se ve sometido a las presiones de una época y una sociedad que reprime y empuja, condicionando así dolorosamente su papel de mujer familiar y servil.

Todo esto suena muy bien pero, ¿cómo es realmente la protagonista de un melodrama como dios manda? En primer lugar, sufre terriblemente, tanto que es muy posible que termine adicta a alguna clase de droga que en realidad es un medicamento con receta. Por otra parte, por mucho que sufra nuestra protagonista, ella siempre permanecerá digna (por lo menos hasta el minuto 60), con un peinado cargado de laca y un sinfín de coloridos vestidos que se tornarán apagados cuando el maquillaje de nuestra protagonista empiece a deshacerse por culpa de las lágrimas.

¿Pero a qué viene tanto drama? Pues casi seguro se deba a algún piloto comercial, un juez demasiado duro (ya me entendéis), un periodista aventurero o algún apuesto militar. Aunque siendo francos, la profesión del “chico nuevo” importa bien poco si éste tiene alguna clase de acento exótico.

Vamos, que un buen melodrama trata del drama existencial, de las pasiones de la carne y de tener muchas ganas de complicarse la vida. ¡Ah! y casi se nos olvida, todavía no estamos seguros, pero parece que por alguna razón es muy importante tener tu casa completamente forrada con alfombras de importación.

En resumen, parece que los melodramas se dirigen siempre a un “target” femenino, algo así como “una ama de casa trágica que desea vivir ciertas fantasías”. Algo que funcionaba muy bien en los años 50, pero que hoy en día, lógicamente, resulta absurdo, aburrido, barato y exagerado, entre muchos otros adjetivos de dudosa reputación.

 

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Por todo esto, es extremadamente complicado que “The Deep Blue Sea”, basado además en un melodrama homónimo de 1955, consiga captar la atención del espectador. Realmente, salvo que uno sea Todd Haynes, autor de maravillas como “Lejos del cielo” o “Carol”, es complicado salir airoso del desafío de capitanear a buen puerto un melodrama. Hablamos aquí de la necesidad vital de contar con un buen material de partida, unos actores capaces de exagerar su interpretación de manera sutil y sin que se les vea el cartón y por último una dirección de arte rigurosa pero a la vez original.

En este último sentido, debemos indicar que le pese a quien le pese, la credibilidad del melodrama va ligada a la época que se muestre en pantalla: ¿una ama de casa se lía con un vendedor francés de enciclopedias a domicilio y su criada afroamericana es testigo de la infidelidad, por lo que la protagonista convence a su marido (un contable de medio pelo) de que despidan a la criada, y más adelante, por culpa de los remordimientos se vuelve adicta al valium y acaba pegando a su hija, y todo ello en 2016? No, gracias. 

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Después de esta perorata parece mentira que todavía no hayamos comentado nada de la película. Y aun encima hemos tenido la desfachatez de rellenar toda la entrada con algunos de sus fotogramas. Lo sentimos, pero la verdad es que el melodrama da tanto de sí que nos olvidamos de todo lo demás.

“The Deep Blue Sea” es una buena película, con un buen guión (dentro de su género), una buena fotografía y una conmovedora interpretación de Rachel Weisz… Y ya está. 

Y si habéis llegado hasta aquí es que sois de confianza, así que os confesaremos que…

¡Es perfecta para la siesta! 

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