Una película de Europa del Este: “Mandarinas” (2013), Zaza Urushadze

Este blog surgió hace algo más de un par de años como un espacio de crítica cinematográfica en el que plasmar reflexiones y apuntes sobre el cine que íbamos viendo, una especie de cuaderno de bitácora fílmico con críticas de todo tipo: sesudas, divertidas, telegráficas… Algunas, incluso no son más que una sucesión de fotografías. En cualquier caso, el objetivo principal del blog siempre ha sido el de proporcionar recomendaciones de todo tipo a aquellos que como nosotros, son aprendices de cinéfilo. Éste, es un rumbo hacia el que cada vez nos orientamos más, sobre todo desde que comenzamos nuestro bienamado reto cinéfilo.

Y en ese sentido, nos gustaría hacer especial hincapié en “Mandarinas”, probablemente la película que más nos ha gustado en lo que llevamos de año, por lo que os transmitimos nuestra más sincera y efusiva recomendación.

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“Mandarinas” toma como trasfondo uno de los muchos conflictos bélicos de Europa del Este, en concreto la “Guerra de Abjasia”, la cual tuvo lugar entre 1992 y 1993 en territorio georgiano. A pesar de su corta duración, el conflicto se saldó con cerca de 50.000 muertos y desaparecidos, además de provocar el éxodo de más de 300.000 personas, en su mayoría georgianos. En líneas muy generales, la “Guerra de Abjasia” se inició cuando Abjasia, territorio perteneciente a Georgia, se auto-declaró República Independiente. Georgia por aquel entonces se independizaba de la URSS, mientras que Abjasia formalizaba su anexión por cuenta propia como nación independiente. Tensiones políticas y sobre todo étnicas entre georgianos y abjasios, propiciaron tanto el conflicto bélico como una sistemática “limpieza étnica” de georgianos en territorio abjasio. Las tropas de ambos bandos, estaban configuradas en su mayoría por voluntarios armados sin ningún tipo de experiencia, los cuales aprovecharon para invadir y saquear sin ningún tipo de control poblaciones y asentamientos rurales, como podemos ver en “Mandarinas”. Así, se sucedían masacres indiscriminadas y presiones a civiles por parte de ambos bandos, los cuales, además de contener voluntarios indisciplinados, contaban con el apoyo de mercenarios rusos, ucranianos y chechenos. Fue un conflicto políticamente muy complicado que además tuvo especial incidencia sobre la población georgiana, la cual emigró de forma casi masiva del territorio abjasio a Georgia.

Volviendo a “Mandarinas”, se toma la “Guerra de Abjasia” como trasfondo para contar la historia de Ivo y Margus, dos abjasios que sobreviven en una aldea desierta con la idea de sacar adelante hacia el final del invierno la cosecha de mandarinas de Margus. Ivo, el mayor de los dos es además de origen estonio, por lo que el conflicto principal de su personaje reside en la decisión de retornar o no a su país de origen, donde le espera (o no) su familia. Lógicamente, a medida que la película avanza, la historia de Ivo va cogiendo fuerza, y aun sin llegar a responder a la naturaleza de su decisión, podemos intuir de manera muy sutil los nobles valores que empujan a Ivo a permanecer en zona de conflicto. Ivo, no acepta la guerra, se niega a participar de ella, aunque sea huyendo, por eso, el que decida quedarse en su casa es una manera más de incidir en el mensaje pacifista de “Mandarinas”, que se reafirma una y otra vez en el sinsentido de las guerras.

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A la historia personal de Ivo se le unen otras dos tramas igualmente  poderosas: la cosecha de mandarinas (o la amistad de Ivo y Margus) y el alojamiento de dos soldados de bandos opuestos (o un explícito mensaje pacifista).  

Las mandarinas de “Mandarinas” funcionan como un recurso narrativo a medio camino entre el MacGuffin y el Truman (el perro de “Truman”). La cosecha de mandarinas es una intriga que se mantiene de fondo durante toda la película pero que nunca llega a resolverse. Aparentemente, las mandarinas son el objetivo externo de los protagonistas ya que nos aportan una cuenta atrás y una motorización clara, pero en realidad son lo que menos importa de la película. Uno puede pensar: “esto trata de dos hombres que necesitan ayuda para recolectar su plantación de mandarinas”. Incluso podría parecernos que los dos soldados que acoge Ivo han llegado ahí porque, después de curarse, van a ser los que les ayuden a recoger las mandarinas. Pero nada más alejado de la realidad, y menos mal, “Mandarinas” no va a de eso ni acaba así.

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La trama verdaderamente importante en la película es la convivencia forzada entre dos enemigos de guerra, a los cuales Ivo decide acoger y cuidar hasta que se recuperen. Se inicia así una convivencia que sirve para humanizar el conflicto bélico de fondo, llevándolo en muchas ocasiones al terreno de lo cotidiano, representando una guerra ridícula y hogareña que transcurre entre las paredes de la diminuta casa de Ivo, en la que los cuatro protagonistas parecen adoptar por momentos roles familiares cercanos a la comedia de situación: berrinches infantiles y un entendimiento forzoso bajo la disciplina paternal y mediadora de Ivo. Un género, el de la comedia, al que “Mandarinas” se asoma con relativa frecuencia. Una decisión necesaria tomada, como decíamos antes, para ridiculizar la guerra y humanizar a sus participantes, haciendo así que el conflicto pierda todo su sentido.

Así, el mensaje pacifista de “Mandarinas” es demoledor: a las guerras poco o nada les importa la voluntad de los hombres, sean buenos o malos, porque es la guerra la que siempre acabará imponiéndose.

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