Una película que trate algún tema de actualidad: “Las invasiones bárbaras” (2003), Denys Arcand

A pesar de ser una película estrenada hace más de 10 años, nos hemos fijado en que “Las invasiones bárbaras” trata ciertos temas de actualidad como son el estado de la sanidad pública y el derecho a una muerte digna. Por desgracia, el interesantísimo debate que la película abría en 2003 por enésima vez en la historia del cine, está condenado irremediablemente a ser un peso menor en los criterios de noticiabilidad que emplean los medios de comunicación. Al igual que sucede con la defensa de la educación pública, tanto el derecho a morir dignamente como el debate sobre el estado de la sanidad pública, quedan habitualmente relegados a un papel secundario que hace que poco a poco vayamos olvidando todos aquellos valores y derechos que tanto costó conseguir. Ahí reside una de las grandezas del cine, a pesar de que la historia que nos cuenta Arcand tenga ya sus años, perdura hasta el presente para hacernos reflexionar sobre un debate necesario, que siempre queda apartado de las conversaciones.

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Independientemente de lo bien que Arcand domine la ironía, los finos chistes de la alta burguesía o los tonos y ritmos de la tragicomedia, vamos a centrarnos más en hacer un análisis enfocado hacia esos temas, de índole social, que la película trata. En menor medida la dualidad sanidad pública/privada, y en mayor profundidad el derecho a morir dignamente (eutanasia, cuidados paliativos y legalización ciertas drogas para usos médicos). Estas problemáticas salen directamente de la trama principal (su peso es tan excesivo que las escasas tramas secundarias que hay por momentos parecen ridículas), la cual aborda los últimos días de vida de Rémy, un profesor universitario apartado de la docencia (y a priori de la vida) por culpa de un cáncer terminal. La llegada de su hijo, Sébastien, propiciará que Rémy se reencuentre con sus viejos amigos, quienes junto a los privilegiados “cuidados extra” que Sébastien le facilita a su padre, éste podrá encarar de la mejor forma posible su paso al otro mundo.

Para empezar, y poniéndonos políticamente quisquillosos hay algunos gestos de los personajes a los que, sacándoles punta, pueden hacer torcer el gesto al espectador más socialista. Al igual que los personajes de Woody Allen, el elenco protagónico de “Las invasiones bárbaras”, pertenece a la clase más aburguesada de los países occidentales. Parece un tópico, pero los analistas financieros y los profesores universitarios se han convertido en personajes arquetípicos de muchos cineastas, quienes los emplean como fuente inagotable de material de primera para incidir sobre los males capitalistas y demás placeres terrenales de la sociedad moderna.

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En esa línea de frívolo capitalismo, es alarmante la pasmosa naturalidad con la que Sébastien, el hijo del terminal Rémy, manipula el sistema sanitario público quebequense, para conseguir únicamente gracias al dinero, mejoras en los cuidados hospitalarios de su padre. Casi como una parodia, afloja la cartera para sobornar a personal médico, sindicatos y todo aquel que se ponga por delante, para ridiculizar un sistema que se demuestra agotado, masificado e ineficiente. Llama la atención que la personalidad social-demócrata de Rémy no oponga demasiada resistencia a los constantes gestos monetarios de Sébastien, para quién el dinero no supone ningún problema, algo que puede terminar llevando al espectador hacia una indeseada confusión ideológica. Una vez Rémy se da cuenta que afronta, a gastos pagados, sus últimos días de vida, decide relajarse y dejarse llevar, todo ello rodeado de sus familiares y amigos más cercanos. Juntos compartirán copas de vino, puestas de sol en una pintoresca cabaña y muchos pero que muchos recuerdos, todo ello, evidentemente, pagado religiosamente por el hijo pródigo del protagonista (los recuerdos no, eso es gratis). A lo largo del film, Arcand trata el tema desde múltiples perspectivas, envolviendo y enriqueciendo la historia principal con las apariciones testimoniales de amigos, familiares y cuidadores, en un abanico de la sociedad quebequense que tal vez peca de limitarse únicamente a las clases más acomodadas.

A pesar de que es una buena película, al visionarla 13 años después de su estreno y algunos estratos sociales más abajo de los deseables, uno no puede evitar sentir emociones viscerales que poco tienen que ver con el mensaje inicial que estamos seguros que Arcand pretendía transmitir. Hoy, viendo “Las invasiones bárbaras”, no podemos afrontar esa crítica a la sanidad pública con naturalidad. Por supuesto, la película narra una parte muy concreta del despertar político y nacionalista que vivió el Quebec a finales del siglo XX, cuando se hicieron inversiones masivas (pero a la larga insuficientes), en la sanidad y educación pública de esta “nación” situada dentro de Canadá. Aún así, nuestra mirada, políticamente condicionada, nos obliga visionar “Las invasiones bárbaras” con ciertas reservas que van más allá del trabajo cinematográfico. Queremos remarcar que esta reflexión que nos permitimos hacer, está muy alejada de la que Arcand pretendía que se hiciera el espectador en su momento. Así que sí, somos culpables de quedarnos en la superficie, pero es que una vez vimos la mácula en “Las invasiones bárbaras”, ya no pudimos centrarnos en otra cosa, y al final uno solamente acaba sintiendo ira justiciera, envidia, y mucho, mucho miedo por nuestro bienamado sistema sanitario público. Lo que sí queda claro, es que con dinero, da gusto morirse.
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Si queréis saber más sobre el tema de la sanidad pública y su situación en España (y especialmente Cataluña) aquí podéis descargar de forma gratuita un pequeño libro muy revelador al respecto.

Y si no, si simplemente queréis poner a prueba vuestra conciencia política, también podéis ver la película.

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