Una película basada en hechos reales: “No” (2012), Pablo Larraín

“Chiiiileee…”

Si has visto “No” o si eres un chileno maduro (no es un tipo de pimiento aunque lo parezca), probablemente un impulso irrefrenable te empujará a cantar “…la alegría ya vieeeneee”.

Esta curiosa cantinela no para de oírse en toda la película y semanas después de haberla visto, aún perdura en nuestras cabezas.

Como es muy posible que no entendáis nada, mejor os ponemos en antecedentes. Y para ello nada mejor que una pequeña clase de historia contemporánea de Chile, la cual os ayudará a comprender mejor de qué va esto.

A diferencia de las dictaduras occidentales, con las que estamos más familiarizados, que cayeron con guerras, revoluciones, pactos varios o simplemente por la presión de los tiempos, en Chile, la dictadura militar de Pinochet terminó gracias a un plebiscito, en otras palabras, un referéndum o consulta popular.

No

Este hecho histórico tuvo lugar a finales de 1988 y contra todo pronóstico, la campaña del “No” a la dictadura militar acabó vencedora. Y decimos contra todo pronóstico, por qué la opción del “Sí” a Pinochet partía sorprendentemente como gran favorita. “¿Pero cómo puede ser esto? ¡Si era una dictadura militar!” diréis. Pues bien, para no convertir este blog de cine en un blog de historia latinoamericana diremos simplemente “cosas de la sociedad chilena y de la tiranía del señor Pinochet”.

¿Y cómo consiguió el “No” vencer al “Sí”? (54,71% frente a 43,01%). Aquí entran en juego los hechos que cuenta la película de Larraín: fue gracias a la genial campaña publicitaria orquestada por un equipo de jóvenes y renovadores comunicadores chilenos.

No (2)

Y de ahí, la tonada a la que hacemos referencia al principio de la entrada. Se trata nada más y nada menos del “jingle” que estos publicistas emplearon para convencer a millones de chilenos de que dijeran “No” a ocho años más de Augusto Pinochet.

La película es ante todo un drama histórico, que con mucha simpatía, relata de forma fiel a los hechos cómo se gestó ese cambio vital para la sociedad chilena. Y decimos fielmente, porque ojo, los vídeos publicitarios que podemos ver en “No” son precisamente los mismos que se utilizaron en la campaña. Eso sí, el audaz personaje que interpreta Gael García Bernal, el carismático e ingenioso René Saavedra, no está basado en nadie en concreto, simplemente pretende ser un reflejo de esos jóvenes publicistas que orquestaron la campaña. Demasiado bonito para ser cierto.

Gael and the city (Large)

La verdad es que solo por este contexto social la película ya resulta altamente atractiva. Tiene esa chispa característica de los buenos guiones que hacen que inmediatamente conectes con el protagonista, alguien humilde que convierte su lucha en una causa humana rebosante de buenas intenciones. En cierto modo, Bernal nos recuerda, por su papel y por el contexto social de cambio de finales de los ochenta,  al personaje de Daniel Brühl en “Goodbye Lenin”. Por supuesto, la ambientación juega también un papel clave en esta comparación.

Al guión y a la interpretación de Bernal se le suma el tratamiento formal de las imágenes, las cuales fueron grabadas en U-Matic, el formato de vídeo habitual en la televisión chilena de aquella época. Si a esto le sumamos el empleo de vídeos reales de la campaña, y una magnífica ambientación, “No” (es decir, sí) puede presumir de trasladarnos a la perfección a la sociedad chilena de finales de los ochenta, permitiéndonos asomarnos a la vida familiar, a los tejemanejes políticos y como no, al fabuloso mundo de la producción publicitaria.

Como apunte final, diremos que normalmente la etiqueta “basado en hechos reales” suele echarnos para atrás a la hora de ver una película. Sí, sentimos decir que somos de esa gente rancia que piensa que una de las virtudes del cine es que se parezca a la vida sin llegar a serlo. Por decirlo de alguna forma, creemos que basarse en hechos reales para hacer cine resulta un poco “tramposo”, por no hablar de que se utiliza esta etiqueta como herramienta de marketing. Sin embargo, a veces los astros se alinean y aparecen joyas como “No”, en las cuales la realidad supera con creces a la ficción, y el director, honestamente, decide simplemente, dejarse llevar por este hecho, sin inflar falsamente una historia que sin duda merece ser contada.

Y cómo sabemos que lo estáis deseando, aquí está el famoso vídeo de la campaña del “No”. Mucho cuidado antes de reproducir que el estribillo es altamente contagioso.

 

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