Una película que echen por televisión: “Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto” (1995), Agustín Díaz Yanes

Primera entrada oficiosa del Reto Cinéfilo 2016 (¡ya era hora!).

Este mes de enero ha sido muy productivo y variado en cuanto a consumo cinematográfico. Por eso hemos podido tachar bastantes categorías del reto. Sin embargo, no estamos consiguiendo exactamente lo que pretendíamos con el reto y, como siempre, hemos dejado lo de escribir en el blog para el último momento (abucheos). Así que vamos a ir dosificando las pelis de este mes y en el futuro intentaremos ser más constantes con la escritura. De momento, ahí va la película inaugural del reto:

Una película que echen por televisión:

“Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto” (1995), Agustín Díaz Yanes

Esta nos parecía una de las categorías más difíciles la verdad, porque no suele coincidir que echen muchas películas apetecibles por la tele. Así que cuando vimos que ponían esta película (en La 2) nos decidimos rápidamente, casi con más ganas de librarnos de la categoría que de ver la propia película. Con un título muy llamativo, “Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto” mezcla el género de cine negro con el drama más castizo, dando como resultado una película bastante peculiar que invita a una pequeña reflexión.

original

Como muchos jóvenes cinéfilos, en cuanto a cine español se trata, hacemos frente a una laguna en las décadas de los años ochenta y noventa, de las cuales solamente rescatamos unos pocos referentes. Y es que hoy en día, la tendencia en cuanto a visionado de cine patrio se refiere, nos remite muchas veces al cine independiente (y no tanto) de los últimos años así como a los clásicos del tardofranquismo. Nos duele reconocer en nuestras propias carnes el estigma del cine español “rancio” y “cutre” que empapa el imaginario cinéfilo de nuestra generación, la cual comienza a apreciar y a salvar títulos que van más allá de Pedro Almodóvar, Víctor Erice, José Luis Cuerda, Álex de la Iglesia, Fernando Trueba o León de Aranoa.

De esta manera, “Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto”, a pesar de ser un film, a priori discreto para nuestros tiempos, nos pone en contacto con el cine más genuino de esa época (maldita para muchos) de la cinematografía española, capaz de producir historias poco convencionales pero efectivas. Por eso mismo, es necesario sacudirse el polvo de vez en cuando para resucitar y hablar de ese cine que para muchos había muerto.

(Suplicamos perdón por el forzado juego de palabras)

Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto

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