Entrevista a Miguel Castelo: La identidad cultural en el Cine Gallego.

Dídac Dalmases y Carlota Dans

Tras una serie de entrevistas, realizadas en torno a la exposición “CineGalicia25” de la Ciudad de la Cultura y el ciclo de cine organizado de forma paralela por el CGAI, hablamos con Miguel Castelo para tener otra visión sobre la historia del cine gallego.

Miguel Castelo es uno de los pioneros del cine gallego. Comenzó como cineasta en el colectivo audiovisual coruñés Imaxe, donde entra en contacto con las nacientes tendencias audiovisuales de Galicia. Su primera obra, “O pai de Migueliño” (1976), fue premiada en numerosos festivales nacionales e internacionales, al igual que su tercer y último cortometraje, “O desexo” (1992). Miguel Castelo tuvo una carrera talentosa y personal, aunque por desgracia no demasiado prolífica. Sin embargo, de alguna manera, siempre estuvo muy vinculado al audiovisual gallego, como crítico, periodista, realizador, productor, etc. Y no sólo eso, sino que hace treinta años formó parte del equipo que diseñó el primer sistema de ayudas públicas al cine gallego.

Seguimos los pasos de Castelo hasta un viejo estudio de arquitectura ubicado en los bajos de un enorme edificio del centro coruñés. Allí, de manera casi oculta, como el trabajo de Miguel Castelo, tiene lugar la entrevista.

 

1.- A la hora de definir “qué es el cine gallego”, ¿Qué condiciones estableceríamos para poder hablar de un cine de aquí: temática, equipo, financiación, idioma, localizaciones?

Miguel Castelo.- Yo pienso que cuando un espectador ve una determinada película, a poco que se fije no tarda mucho en saber si ésta es francesa, argentina, o pertenece al Reino Unido, e incluso dentro del Reino Unido, hasta podría distinguir si es inglesa, escocesa o norirlandesa. ¿A través de qué elementos de la información que recibe ese espectador puede averiguar o deducir la nacionalidad del filme que está viendo? Pues de todos los que enunciaste: la lengua, los escenarios, los intérpretes, la historia. No tienen porqué estar todos juntos. Puede haber algunos de ellos y otros no. Depende. La lengua es sin duda un elemento muy definidor, pero puede haber casos en que no lo sea. Como acabamos de ver, una película hablada en inglés no tiene porqué ser necesariamente norteamericana o de alguno de los países del Reino Unido (refiriéndose a “Jimmy P”, de Arnaud Desplechin, proyectada en el CGAI la tarde de la entrevista). Sus diálogos están en inglés, pero enseguida, por otra serie de componentes informativos, sabemos que no se trata de una película norteamericana o que pertenezca al ámbito de la cultura anglosajona. Entonces digamos que depende. Y fundamentalmente, un filme para pertenecer a un determinado país tiene que estar administrativa y económicamente organizado en ese país y construido por un equipo técnico y artístico mayoritariamente del mismo. Y este requisito o condición es común para cualquier película. Sea francesa, australiana o gallega.

2.- ¿Está el cine gallego relacionado con la actual realidad social gallega? ¿Genera una imagen propia de la sociedad gallega?

Miguel Castelo.- Creo que hay de todo. Hay películas que tienen ese objetivo de implicarse en la realidad social y cultural de la comunidad en la que se gestan y producen, y otras en las que se percibe que sus autores no están especialmente interesados en ese aspecto. Pero los que hacen cine en Galicia también forman parte de su sociedad, de su realidad social. Por tanto, los que no se implican, de algún modo también están contribuyendo, por omisión, a construir una imagen de la sociedad gallega.

3.- El potenciamiento de la identidad cultural gallega a través del cine puede hacer que muchas veces los films pierdan universalidad en su mensaje. ¿Crees que eso perjudica a la hora de comercializar productos fuera de nuestras fronteras?

Miguel Castelo.- A mí me parece que esta cuestión está sustentada en una premisa que no es cierta. Una película, por muy local que sea, no deja de ser universal. ¿Acaso el modelo de universalidad sólo puede venir pautado desde los Estados Unidos? ¿Quién decide que una película es un universal o deja de serlo? Sus contenidos. Y estos contenidos pueden pertenecer a cualquier sociedad o marco geográfico. Por ejemplo, ¿qué cuentan las películas de Kiarostami, o de Kaurismäki? ¿O las de cineastas orientales, como Kim Ki-duk o Wong Kar-Wai? ¿Las de Fatih Akın, Lucrecia Martel, Lisandro Alonso…?  ¿No están contando aspectos de su realidad local? ¿Dejan por eso de ser universales? Es justamente todo lo contrario: en lo local está la universalidad. “Canta  tu aldea y cantarás el mundo, pinta tu aldea y pintarás el mundo”, decía sabiamente León Tolstói. Siempre que en las historias estén presentes los temas que afectan a la condición humana, el deseo, el vértigo de la trasgresión de la ley, los amores contrariados, la culpa, los enigmas familiares…, éstas serán entendidas en cualquier rincón del mundo. Lo que preocupa y atribula a la condición humana: esto es lo que da carácter de universalidad a un filme determinado, no que esté inscrito en una determinada realidad geográfica o nacional.

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