“Tusk” (2014), Kevin Smith

Más pato que morsa

Denisse Lozano

Morsas, terror, humor y podcasters. Este cóctel estrambótico atraerá como moscas a los fervientes seguidores de Kevin Smith, que parece reafirmar con esta suerte de comedia negra de terror el cambio de rumbo ya anunciado en su anterior película (Red State, 2011). Evocando The Island of Dr. Moreau (Don Taylor, 1977) o la reciente The human centipede (Tom Six, 2009), Tusk nos cuenta la historia de cómo un podcaster que está buscando gente peculiar a la que entrevistar (el protagonista “friki” de las películas de Smith se actualiza y se convierte en triunfador con el paso tiempo) es raptado por un médico depravado que intenta convertirlo en morsa. La trama, inverosímil y abiertamente disparatada, se materializa en una mezcolanza de géneros de terror, comedia e incluso thriller, que comienza con gancho pero acaba pasando del absurdo al ridículo.

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La comedia se presenta desde el principio a través de largos diálogos ingeniosos, plagados de referencias al estilo de Clerks (1994), y personajes irreverentes que mantienen la esencia gamberra del Smith de los 90. La tensión entra como una neblina y se va adueñando de la atmósfera hasta que el doctor, encarnado por Michael Parks (quizás la actuación más memorable), muestra sus pretensiones salvajes y delirios que nos introducen en el género de terror. Consigue algunos momentos espeluznantes pero otros muchos, por reiterativos o demasiado explícitos, no resultan tan efectivos. En esta trenza de terror-comedia, el thriller aparece diluído cuando la novia y el amigo buscan al secuestrado. La aparición forzada del personaje de un detective hace la tarea fácil y previsible, por lo que carece de suspense.

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Como una La piel que habito (Pedro Almodóvar, 2011) dirigida por Javier Ruíz Caldera, Tusk es desconcertante y no acaba de funcionar en conjunto pese a sus aciertos puntuales. La mezcla de dos antagónicos como comedia y terror corre el riesgo de que los papeles se inviertan; lo que debería ser terrorífico parezca ridículo y te haga reír y los interludios cómicos estén tan fuera de tono que “den miedo”. La tendencia a verbalizarlo todo de Smith, que le ayuda a resolver la comedia, juega en contra del suspense y falsea los momentos dramáticos, pretendiendo otorgar pensamientos profundos a personajes con pocas aristas. A pesar de que se intuye el saber hacer del director, no queda claro si debemos tomarla en serio como experimento kafkiano o como una parodia sarcástica del género, que da otra vuelta de tuerca a temas clásicos como el monstruo (Frankenstein), la locura, la omnipotencia del hombre o la consciencia de uno mismo.

TUSK

Un thriller sin grandes obstáculos, un terror sin apenas sorpresa y una comedia que revistiéndolo todo no acaba de encajar. Tusk es una película pato, que corre, nada y vuela, pero todo lo hace torpemente.

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