“El verdugo” (1963), Luis García Berlanga

Carlota Dans

Franquismo y censura

Las duras circunstancias políticas en las que se encuentra España en 1963 (dictadura franquista) ejercen una terrible presión ideológica sobre los cineastas a la hora de desempeñar su profesión. Pero a pesar de que la censura limita los temas que se pueden tratar en las pantallas, algunos hábiles profesionales son capaces de mostrar en sus películas la situación real de la España de la época. Esta película en particular, y todo el cine de Berlanga en general, es un claro ejemplo de cómo la realidad emerge a pesar de los obstáculos.

Es importante mencionar la polémica que causó esta película, que impidió a Luis García Berlanga volver a dirigir en España hasta 1967. La Comisión de Censura impuso una serie de cambios cuando el guión fue presentado, pero los problemas llegaron después de su estreno. A pesar de que “Nunca pasa nada” de Juan Antonio Bardem fue la película elegida para representar e España en el Festival de Venecia, Luigi Chiarini invitó personalmente a “El verdugo” a participar también en el festival. Ante el visionado del film, el embajador español en Roma escribió al ministro de Asuntos Exteriores informando de la mala imagen que la película daba de la sociedad española. Aunque las autoridades trataron la posibilidad de eliminar la película de la Mostra, esta opción fue rechazada ya que podía causar mayor polémica al tratarse de una coproducción con Italia. A pesar de toda esta problemática, la película ganó el Premio de la Crítica y actualmente es considerada una de las mejores películas del cine español.

Luis García Berlanga

Berlanga debuta en 1951 dirigiendo junto a Bardem “Esa pareja feliz”. También con la colaboración de Bardem como guionista, realiza en 1952 “Bienvenido Mister Marshall”.  Tanto Bardem como Berlanga tratan de reflejar en sus filmes la realidad social de la época, acercándose a las nuevas formas de hacer cine que surgen en Europa, como el neorrealismo italiano.

En la obra de Berlanga, caracterizada desde sus inicios por el humor con tintes sainetescos y nostálgicos, podemos encontrar diversas influencias. Por una parte, y como base de su peculiar estilo, debemos destacar la cultura autóctona, procedente del esperpento de Valle Inclán, de la zarzuela y del sainete. Aunque todo esto aparece en la pantalla mezclado con un innegable espíritu  transgresor y con una actitud receptiva hacia las nuevas prácticas que venían de fuera.

El inicio de sus trabajos con Rafael Azcona como guionista marca un cambio en su filmografía, que se introduce de lleno en el humor negro y en la crítica mordaz. Este cambio aparece en “Plácido” en 1961 y se consolida en “El verdugo” en 1963.

Antecedentes: Edgar Neville y “Esa pareja feliz

Es esencial mencionar la importancia de Edgar Neville como antecedente del cine de Berlanga. La filmografía de Neville parte de la influencia de la pintura de Goya y Solana y del esperpento de Valle Inclán para introducir una nueva mirada en el cine español, que será clave para el desarrollo del cine español de los años sesenta. Una mirada deformadora de la realidad que nace de la voluntad de intervenir en la sociedad a través del cine. Esta nueva mirada aparece ya en la primera película de Berlanga, “Esa pareja feliz”, que dirige junto a Juan Antonio Bardem en 1951. En esta película se produce una primera elevación del punto de vista, que marcará la posterior trayectoria del cineasta.

“El verdugo”

Es importante resaltar la estructura circular del film, que encierra a los personajes y, al mismo tiempo, al espectador. En la primera escena vemos como José Luis acude a recoger un cadáver y en la última escena podemos ver cómo es ahora José Luis el que deja un cadáver tras su paso, con todo lo que esto supone. A medida que avanza el film, se va cerrando alrededor del cuello del protagonista un garrote metafórico que lo atrapa y lo enfrenta al inexorable final de la película. Y este no podía ser otro que la ejecución final.

En la ejecución final una cámara fija y en picado nos muestra desde un plano amplio la insignificancia del individuo en la sociedad y en sus propias decisiones. En esta poderosa imagen vemos una fría cárcel con una sola puerta al fondo. Por esta puerta entran dos víctimas muy distintas pero que guardan muchas semejanzas, el condenado a muerte y el verdugo, obligados por otro grupo de personas a enfrentarse a un destino trágico sin retorno posible. La única puerta que vemos al fondo del encuadre se cerrará para siempre. Para el verdugo, sólo como metáfora, aunque para el condenado, de forma definitiva.

El protagonista de la película es un pobre hombre “atrapado por la vida”, incapaz de decir que no. El espectador de la época se identifica fácilmente con esta situación, claro reflejo de la España de 1963, pero también con la denuncia de la pena de muerte, tema de gran actualidad en la década de los sesenta. Hoy en día, no nos sentimos identificados con el verdugo, ya que pertenece a una situación completamente ajena a nuestra realidad. Sin embargo, sí nos identificamos con José Luis y su destino trágico, que implica la pérdida de libertad del individuo, atrapado por una sociedad que se impone a sus deseos y aspiraciones.

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Debemos destacar también el personaje de Pepe Isbert, el suegro y primer verdugo de la película, que empuja a José Luis a la profesión. Este personaje es el único que nunca padece angustia, y trata con una cómica naturalidad la siniestra profesión que da título a la película. Esto lo vemos, por ejemplo, en el célebre monólogo sobre los métodos de ajusticiamiento, en el que defiende enérgicamente al garrote vil como el más adecuado. Con su interpretación, Isbert convierte la figura del verdugo en algo cercano y familiar, que nos hace olvidar por momentos lo trágico del tema tratado.

El cineasta y su guionista apuestan por una tragicomedia que, de forma análoga a la propia realidad, mezcla elementos tan antagónicos como son la tragedia y el humor. A través de la conjugación de estos elementos, se lleva a cabo un ennegrecido retrato de la España de la época, que trata diversos temas. Además del tema de la muerte y la intervención no demasiado ética del ser humano en los derechos fundamentales como es el derecho a la vida, también se trata el tema del problema de la vivienda. Este problema, tan presente en las conciencias de la época, y que fue tratado en el cine con anterioridad en “El pisito” de Marco Ferreri, “La vida por delante” de Fernando Fernán Gómez y en “El inquilino” de Nieves Conde, aparece también en la película que nos ocupa. Pues no debemos olvidar que el deseo de adquirir un piso es lo que mueve al suegro en su insistencia para que José Luis acepte el empleo de verdugo. La necesidad de supervivencia, y la presión ejercida por su mujer y por su suegro, empujan al protagonista a acceder a un empleo que le repugna hasta la médula.

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La presión a la que es sometido el protagonista se corresponde con la presión que toda la sociedad española sufría en 1963. Ante la situación histórica y social, la única opción que queda es la resignación y la fuerte necesidad de “cumplir con el deber” y renunciar a los sueños.

Lo grotesco y el esperpento. Humor negro

A la hora de analizar “El verdugo” es necesario mencionar la influencia de las tragedias grotescas de Ramón Pérez de Ayala y de Carlos Arniches en la creación cinematográfica de Berlanga y de Azcona, además del género del sainete como fuente de inspiración. Sin embargo la influencia del sainete en el cine de Berlanga tiene que ver con la utilización de una serie de características concretas, no con una entera y fiel adaptación de sus formas. Entre estas características podemos destacar las siguientes en esta película: la importancia de la utilización del lenguaje, la ambientación y el carácter humilde de los personajes.

En esta película observamos también una voluntad realista, que guarda relación con las nuevas corrientes de cine que aparecen en el panorama español de los años cincuenta y sesenta, como es el cine regeneracionista, que tiene al cine neorrealista italiano como referencia cultural. El distanciamiento y la elevación del punto de vista permiten al espectador reflexionar sobre lo que está viendo. Se parte de elementos y materiales de la cultura popular para llevar a cabo una deformación cada vez mayor que da lugar al esperpento.

De la mezcla de influencias surgen unos personajes atrapados por la vida, que no es más que un conjunto de circunstancias, unos personajes desbordados por una realidad que les impide el libre desarrollo de su personalidad. Al contrario que en la tragedia grotesca de Arniches, donde finalmente todo se solucionaba, en esta película la transformación lleva al personaje a un destino trágico e irreversible que, aunque a veces provoque la risa del espectador, no es siempre un recurso cómico, sino que consiste en una recreación por parte de los autores del entorno ennegrecido. En esta película el humor tiene unas características peculiares. A pesar del espíritu crítico del film, es un humor que surge del interior de unos personajes que sobreviven pese a las circunstancias y que une la tragedia y la comedia en una invitación fílmica a la reflexión.

El Verdugo

La naturalidad con la que se representan en esta película situaciones tan extremas, las hace más cercanas al público, que puede fácilmente sentirse identificado. En esta película podemos ver una situación común a la gran mayoría de los individuos: una progresión de circunstancias que acaban atrapando al sujeto, abocándolo a una decisión que no quiere tomar. Vemos cómo un hombre que sólo quiere vivir feliz es atrapado por la vida hasta el final del relato. Y esto es tratado con una proximidad que recuerda a una obra costumbrista, pero sin llegar a serlo. Vemos de esta forma cómo las características de las tragedias grotescas arnichescas emergen de nuevo en el texto audiovisual: estructura coral, reflejo de ambientes populares y de tipos, voluntad de primar el diálogo sobre la acción, estética costumbrista, etc.

El final

El final que vemos en la película no se corresponde con el final pensado por Berlanga en un primer momento. Fue Ennio Flaiano el artífice del culmen de la historia que vemos en la pantalla. En el final original propuesto por el director, el protagonista vuelve al barco después de su primera ejecución y le dice a su mujer Carmen que comprará una muñequera la próxima vez. Finalmente en la película no es esto lo que vemos. El protagonista le dice a su suegro: “No lo haré más, ¿me entiende? No lo haré más”. A lo que Amadeo contesta: “Eso mismo dije yo la primera vez”. Aunque ambos finales mantienen la línea oscura y cínica que se marca fuertemente durante todo el film, este último final tiene mucho más. La última frase de Amadeo nos revela mucho más de lo que nos gustaría conocer sobre la condición humana. Cargada de resignación y conformismo, parece retratar toda una sociedad que, bajo las cadenas de la dictadura, se mantiene pasiva y se limita a ver la vida pasar.

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