“La loba” (1941), William Wyler

Denisse Lozano

En el contexto de un cine de Hollywood ya consolidado como gran industria del sonoro, La loba se erige como un ejemplo paradigmático del lenguaje clásico cinematográfico. Mediante escenas basadas en la fuerza del diálogo y la interpretación de los personajes, el film va construyendo un discurso que se resolverá a través de una puesta en escena con una composición cuidada en extremo y teatral en cierto modo, al igual que la interpretación al estilo del melodrama.

LA-LOBA_principalGaleriaApaisada

En un retrato sureño de la época, la trama gira en torno a la oposición clásica del bien y el mal representada casi a modo de parábola fundamentalmente por tres tríos de personajes tan completos y densos que funcionan como arquetipos. En el lado luminoso encontramos a la hija, aún demasiado joven para comprender y abandonar el yugo de su madre; la cuñada, ya demasiado mayor, entregada a la bebida para ahogar su desdicha; y el marido, antaño probablemente un lobo más, pero hoy decidido a morir “sin que el mundo vaya a peor”. Por el contrario, los tres hermanos se sitúan en el lado oscuro, encabezados por la figura central del relato, la loba, la excepcional Bette Davis. Estos se guiarán por su codicia e impiedad, embarcándose en una lucha encarnizada por sus propios intereses, que les enfrentará entre ellos y terminará por ser autodestructiva.

little-foxes

Así, la escena se compone mediante un plano fijo donde la cámara solo se desplaza para reencuadrar, desechando a menudo el poder evocativo del fuera de campo en favor de una puesta en campo teatralizada y jerarquizada, basada en las líneas, marcos y texturas para conseguir una estética impecable. Los personajes se desplazan a través de los distintos planos espaciales favoreciendo, junto con los juegos de foco, la impresión de profundidad y creando cierta jerarquía de tamaños. Pero esta preocupación espacial va más allá del alejamiento de cámara para establecerse también en los otros dos ejes espaciales. Los personajes a menudo se agrupan en plano conforme a sus intereses creando bandos, que se refuerzan mediante un juego continuo de tomar asiento y levantarse. La figura de la señora Giddens se resalta en todo momento, dominando la escena a menudo desde una posición elevada o a través de un lenguaje corporal agresivo (expresión facial, brazos extendidos, cabeza alta, etc.) o incluso con una cierta omnipresencia a través de juegos de sombras y espejos.

7. Casa

La escena de la primera conversación entre el matrimonio, con la irrupción de los hermanos, resulta un ejemplo significativo, donde el padre encarna sentado las buenas intenciones, mientras la señora Giddens muda de actitud a la vez que de posición, sentándose los tres lobeznos con talante cordial y levantándose ante las negativas del enfermo.

En este juego de poderes la escalera adquiere un papel protagonista, no solo físicamente, sino también por su potencia estética como los barrotes de la cárcel que supone esa casa. Es en ella donde en una de las discusiones el señor Giddens desafía tajantemente el dominio de su esposa, colocándose por encima de ella tanto física como moralmente haciéndola sentir por primera vez amenazada, y será precisamente en esa escalera donde le veremos caer, tras un segundo intento definitivo de derrocar a la tirana. El hombre se derrumba al fondo ante un primer plano del rostro impasible de Bette Davis, que nos muestra de forma evidente su auténtica naturaleza codiciosa, vanidosa y malvada, tras un maquillaje que oculta su envejecido rostro y favorece la expresividad. Y será también en este escenario donde se cierre el film, enfrentándose Alexandra, desde el pie, a su madre, ahora de nuevo en lo alto del balaustre, invalidando con este pequeño gesto todo el juego de alturas y destituyendo así a su altiva dueña.

1d-2

La película se sirve, en fin,  de elementos visuales y sonoros para acentuar y matizar el tono trágico de la acción. La lluvia persistente, los encuadres de balaustradas, la relevancia de las zonas oscuras y la luz, los planos torcidos, las imágenes inquietantes (sombrero y velo de Regina que le dan aspecto de ave rapaz) y las acciones improcedentes e irritantes (juego de Leo con la silla de ruedas) la dotan de una atmósfera tensa que augura el final trágico y permite la formación de una de las mejores figuras malévolas que nos dio el séptimo arte.

Anuncios

Un comentario sobre ““La loba” (1941), William Wyler

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s