Entre el Modo de Representación Primitivo y el Modo de Representación Institucional: “The country doctor” (1909), D. W. Griffith

Carlota Dans

La película de Griffith se inicia con una panorámica horizontal descriptiva que va desde un plano general del pueblo hasta un plano de la casa, de dónde salen en ese mismo instante los protagonistas del relato. Este movimiento de cámara, muy poco frecuente en el cine de la época, nos presenta el espacio en el que se desarrollará la historia, constituyendo un extenso plano de situación. Esta presentación del espacio está perfectamente enlazada con la presentación de los personajes, que entran en plano al final de la panorámica. De esta forma, podemos hablar de una estructura narrativa ya casi completamente desarrollada, en la que empezamos a observar tres partes diferenciadas: presentación, nudo y desenlace.

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Durante todo el film podemos observar diferentes elementos que suponen una relevante modernidad con respecto a las muestras anteriores de cine primitivo y que anuncian el posterior modo de representación institucional. Entre estos podemos mencionar el dominio absoluto del raccord de dirección, pues cada vez que un personaje sale por la izquierda del encuadre en un plano, ese mismo personaje vuelve a entrar por la izquierda en el siguiente plano, dotando al discurso de coherencia y sentido. También podemos mencionar la agilidad del montaje en una secuencia hacia el final de la película, en la que van a llamar al doctor en repetidas ocasiones. Aquí destaca el montaje por su modernidad en las sucesivas entradas y salidas de la casa, y en la consecuente alternancia de interior y exterior de la casa.

A pesar de todo esto, no podemos hablar aún del modo clásico de representación, pues seguimos observando en el texto restos del cine primitivo. Con respecto a esto, destaca la frontalidad del plano y la disposición de los actores y de los decorados, que se encuentran dirigidos hacia la cámara y, por tanto, hacia el espectador. Esto llama la atención notablemente en las habitaciones en las que se encuentran las dos niñas enfermas, pues tanto el decorado como las interpretaciones de los actores están completamente dirigidos hacia el espectador. Podemos mencionar también que la disposición similar de los decorados de las dos habitaciones favorece la comparación entre ambas situaciones, además de implementar el estilo visual de la película. Con respecto a los actores, es destacable la superación del excesivo mirar a cámara presente en producciones anteriores. Aunque los actores siguen situándose frente al espectador, las rupturas de la diégesis del relato, que suponen las apelaciones directas al espectador, son eliminadas.

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La película termina con una panorámica inversa a la que abre el relato, que va desde la casa dónde ha sucedido la tragedia hasta el plano general del valle. De esta forma, Griffith cierra el relato, situándonos en una especie de estructura visual circular, que vuelve a los idílicos orígenes de la historia con un tono trágico y oscurecido que se hace visible en el movimiento de la cámara.

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