“Paradies: Hoffnung” (2013), Ulrich Seidl

Carlota Dans

En “Paradies: Hoffnung”, Seidl se adentra por última vez en la vida de una mujer para profundizar en la necesidad de amor. Pero esta vez ya no hay doble moral en los personajes, sólo sentimos compasión por la protagonista. Probablemente debido a la inocencia de la protagonista, que aún no tiene edad suficiente como para estar corrompida por la sociedad.

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Nos encontramos en esta ocasión ante una película construida a través del silencio. “Paradies: Hoffnung” intercala en todo momento tres tipos de escenas, que destacan por su sencillez y que construyen una narración muy rítmica, combinando tres melodías principales.

Por una parte, las escenas en las que se representan las actividades del campamento, dominadas por la voz autoritaria del entrenador y marcadas por un ritmo casi militar. En estas escenas, podemos ver la fascinación de Seidl por la observación de los cuerpos imperfectos, retratando de esta forma la realidad más pura, aquélla que no está manipulada estéticamente.

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Por otra parte, están las escenas en las que se desarrolla la amistad entre la protagonista y su compañera de cuarto. Escenas intimistas en las que hablan sobre sexo o amor, y en las que se reflejan las dudas e inseguridades de una edad complicada. Las conversaciones entre la protagonista y su amiga recuerdan a las conversaciones que la madre de la protagonista mantenía con sus amigas en la primera parte de la trilogía. Pues tanto madre como hija están pasando por el mismo conflicto básico: una necesidad de ser amadas, que se ve imposibilitada por la edad, el físico y los cánones de belleza impuestos por la sociedad.

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Y por último, los múltiples encuentros de la protagonista con el doctor del campamento. Escenas que, construidas desde el silencio, nos transportan a la ingenuidad inocente del primer amor, tan hermoso como imposible.

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Ulrich Seidl reflexiona en esta trilogía titulada “Paradies” sobre temas amplios, que van desde el conflicto interno de aceptación de uno mismo hasta las dificultades impuestas por la sociedad occidental, tan superficial como perversa.

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